Enoturismo y Capital Humano: el desafío de formar talento para un enoturismo más sostenible, especializado y conectado con su entorno

Patricio Gómez Arismendi
Por Patricio Gómez Arismendi , Director Campus Colchagua Universidad de Talca

El Enoturismo en Chile ha registrado un crecimiento relevante en la última década, con 78 viñas abiertas al enoturismo en 2013, versus 219 viñas con oferta enoturística permanente en 2024, lo que representa un incremento del 180,8% en el periodo. En 2024, estas 219 viñas representaron el 61% de las bodegas del país y en su mayoría, corresponde a viñas ubicadas en los valles vitivinícolas de Maipo, Cachapoal, Colchagua, Maule, Itata y Biobío, generando así una oferta enoturística atractiva y diversa, tanto desde el punto de vista territorial, como por la antigüedad de las experiencias ofrecidas. Entre 2016 y 2024, el número de asociaciones ligadas al vino y al enoturismo aumentó en un 160%, reflejando el impacto territorial del enoturismo, como motor dinámico de desarrollo y crecimiento económico (Catastro Nacional Enoturismo 2024).

Este crecimiento acelerado, da cuenta de la relevancia que ha adquirido el maridaje virtuoso entre vino y turismo, siendo la gastronomía y el patrimonio, componentes que robustecen la oferta enoturística nacional. Lo anterior, atrae a turistas de diversas latitudes, siendo los brasileños, americanos y estadounidenses, los que más visitan viñedos en sus viajes a chile, con un 52,2%, 19,8% y 12,8% del total de visitas respectivamente (Departamento de estadísticas SERNATUR, División de estudios Subsecretaria de Turismo).

Si consideramos que el 66% de la oferta enoturística nacional tiene entre 1 y 10 años de antigüedad, y que, en algunos valles, esa proposición se eleva al 91%, (Valle del Biobío) (Catastro Nacional Enoturismo 2024), los equipos de enoturismo no solo deben dar cuenta de un patrimonio vitivinícola asociado a la colonización europea, sino que también, deben ser capaces de reflejar en los relatos enoturísticos, el patrimonio y la historia de emprendimientos y oferta enoturística nueva. Por otra parte, el manejo fluido de idiomas, tanto inglés como portugués, se transforma en un requerimiento relevante para garantizar experiencias enoturísticas memorables, lo que, sumado a propuestas enogastronómicas innovadoras que garanticen el encadenamiento con productores locales, plantea desafíos para los equipos de la industria enoturística nacional y para las instituciones de formación de capital humano avanzado.

Así, la oferta formativa, tanto secundaria como terciaria, debe apuntar a diseños curriculares que garanticen una pertinencia absoluta de la formación, considerando las demandas y desempeños esperados por el sector enoturístico. Un ejemplo de los avances en formación de capital humano avanzado para el Enoturismo Nacional, lo constituye la carrera de Técnico Superior en Turismo Enológico de la Universidad de Talca, carrera que forma técnicos superiores para la prestación de servicios y experiencias enoturísticas memorables e inclusivas y que tiene a la vinculación con el medio, como uno de sus ejes centrales de trabajo formativo, tanto para el diseño y actualización de la carrera, como para la generación de contextos de aprendizajes relevantes y en donde la formación dual desarrollada por la formación técnica de la Universidad de Talca, ha demostrado una aporte significativo a la formación y a la empleabilidad temprana de los Técnicos Superiores en Turismo Enológico.

Finalmente, los desafíos futuros de los equipos de enoturismo también tienen relación con la generación de experiencias inmersivas y sensoriales (en viñas y territorios), la generación de experiencias personalizadas y de lujo y la generación de experiencias que recuperen tradiciones y patrimonio locales, por lo que las demandas en cuanto a formación y capacitación de equipos, exigen la coordinación y colaboración de todos los actores de la cadena de valor del enoturismo chileno y el fortalecimiento de iniciativas como el Programa Meso regional Enoturismo Chile de CORFO.